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martes, 22 de junio de 2010

# 68 # Onanismo en Nueva York


‘And just like that, it was 1998 again’

Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) en Sexo en Nueva York 2

Supongo que éste sería el título que tendría un capítulo que contara mi experiencia en las últimas semanas, las que anticipaban la llegada a los cines de la película secuela de la archiconocida serie de HBO convertida ahora, aunque a muchos no les guste, en un fenónemo cinematográfico. En la serie Carrie disfrutaba a solas de la ciudad de Nueva York, porque para ella la ciudad era su mejor cita. No sé si puedo decir lo mismo de Madrid, una ciudad a la que volví hace ya nueve meses para encontrarme puertas cerradas, amigos que han dejado de serlo y un aire a melancolía que se aleja mucho de la urbe a la que me mudé contra mi voluntad hace casi nueve años, y que abandoné con destino a una Londres que tenía visos de Ciudad Esmeralda.

Pero dejando fuera cuestiones personales y entrando de lleno en el tema de Sexo en Nueva York 2, ¿qué se puede esperar de esta película? Pues básicamente, que recaude una cantidad de dinero suficiente que asegure la continuidad de una saga cinematográfica que satisfaga a los fans, para los que las aventuras de estas cuatro amigas residentes en la Gran Manzana es como una droga. Y es SatC 2, siendo sinceros, no cuenta nada. O cuenta algo, pero algo muy poco interesante. Pero creo que muchos estarán conmigo cuando digo que yo me tragaría lo que me echaran con tal de ver a estas cuatro juntas en la pantalla, aunque la próxima sea compartiendo casa en Florida.

¿Cuál es el problema entonces? Pues que evidentemente, por mucho que lo intenten, la vida de estas cuatro mujeres, ya más cerca de los 50 que de los 30, no da para mucho más. Con todas felizmente casadas, a excepción de Samantha, los problemas de todas ellas giran en torno a sus matrimonios o a su prole: Charlotte temiendo que su vida como esposa y madre perfecta no es tan fácil de conseguir; Miranda, que tras haber superado su crisis matrimonial vuelve a tener problemas para conciliar su vida laboral y familiar; Samantha, que intenta retrasar la temida menopausia y con ello la desaparición de su deseo sexual; y Carrie, convertida en la señora de Big, y que teme que, sin la llegada de unos hijos que ni ella ni Big parecen querer, la idea de pasar toda una vida sólo con el hombre al que ha estado doce años persiguiendo no sea una idea tan atrayente. El problema es que la película, en vez de explorar de manera más o menos ‘eficaz’ estos conflictos, decide ignorarlos y meter a las chicas en un escenario tan alejado de Nueva York como es Abu Dhabi, lugar que justifica los chistes, las situaciones ridículas y los modelitos salidos de la imaginación de Patricia Field. La película sólo remonta el vuelo con las alusiones a clásicos de la slapstick comedy como Sucedió una noche y Luna nueva, películas con las que nada tiene que ver lo que nos ocupa. Al final, los personajes parecen estar exactamente en el mismo lugar en el que los veíamos al principio, sólo que aparentemente más felices, ya que los conflictos parecen haberse resuelto en la elipsis que sigue a su vuelta de los Emiratos Árabes.

SatC 2 peca además de lo mismo que su primera parte: obviar el tono irónico y desenfadado de las primeras temporadas que convirtieron a la serie en un paradigma del feminismo y la liberación sexual de la mujer, y optar en cambio por el tono de comedia romántica basada en la búsqueda del hombre perfecto como instrumento indispensable para obtener la felicidad que caracterizó a la serie en los últimos capítulos. Algo que yo prefiero, y que sólo es malo porque esta es el arma usada por la crítica misógina para desprestigiar una serie que es, le pese a quien le pese, una de las mejores comedias de los 90, una época en la que la televisión estadounidense nos brindaba cada semana un capítulo de Frasier, Friends, Seinfeld o Will & Grace, lo que da una idea de la calidad de las sitcom de finales del siglo pasado.

Y sí, la película intenta hacer una crítica blanda al papel de la mujer en la cultura musulmana, para luego demostrar que las cosas en Occidente no son tan diferentes para con ello alzar la bandera feminista perdida una docena de capítulos atrás, e incluso se esfuerza en alzar otra bandera, la de la nostalgia, cuando nos muestra una cita entre Carrie y Big, ella ataviada con un Valentino vintage y él recogiéndola en su apartamento tal y como hacía el siglo pasado. Y quizá sea eso, sólo eso, lo que nos recuerda por qué amamos a estos personajes, y lo que justifica la existencia de esta película.

Quizá ya no haya cinismo, quizá el bótox pese más que la calidad del guión, y quizá ya ni los estilismos nos sorprendan porque la moda está cambiado a un ritmo que ni Sarah Jessica Parker ni Patricia Field pueden predecir; pero siempre veremos a estas cuatro amigas en la pantalla y siempre compartiremos su búsqueda de la felicidad, del amor, y del outfit perfecto. Incluso después del tan temido ‘Sí quiero‘.

2 comentarios:

Francisco García dijo...

Veo que llego un poco tarde para hacer un "comentario mateísta" acerca de Scream... Jeje.
La verdad es que me gusta bastante la trilogía, y pienso que la buena buena es la primera parte. A pesar de tener una aparición breve, Drew Barrymore está muy fuerte en su interpretación.

Respecto a Sexo en Nueva York 2... no puedo decir mucho, no he visto ninguna de las dos películas. Según lo que escribes, podemos hacer una lectura interesante y positiva sobre la secuela, y a pesar de la mala crítica, estoy de acuerdo contigo en que se debe apostar por "el cómo" y no por "el qué" de la historia, algo que la gente de teatro valoramos mucho.

Enhorabuena de nuevo por tu blog, Mateo. Intentaré estar más al día con él.

Un saludo!

Fran.

VANESSA M. dijo...

MMM se me hace sospechosa la inclusion de escenarios áraces, acaso los promocionan por mera coincidencia? SALUDOS DESDE MÉXICO'